Cada día Gala tiraba el Tarot a Dalí. Ambos se relacionaron en París con médiums y personajes surgidos del ocultismo más turbador de los años veinte. Sus amigos surrealistas habían confiado su vida espiritual a gurús como Gurdjieff o se interesaban por la alquimia y conocían como el propio Dalí la obra de Fulcanelli, el alquimista del siglo XX.
La magia de los sueños, la escritura automática, el pitagorismo, el mito del andrógino, guiaron la aventura espiritual de Salvador Dalí. El pintor se consideraba un místico y veia en la “Era de Acuario” el nacimiento de una nueva aurora de la civilización. Pero esta vocación mística, finalmente, se malogró. Este libro explica por qué.